La forma en cómo la preparemos dependerá mucho de para qué la queremos –por ejemplo, no es lo mismo una salsa para guisado que una para acompañar un lomo rostizado–, además de que influirá mucho en el sabor y consistencia de la misma. ¿Sabes las particularidades de cada una? ¡Revisémoslas juntos!
Tatemar proviene del náhuatl tlatemati, “poner al fuego” y es cuando asamos de manera directa o sobre un comal nuestros ingredientes. Una salsita tatemada hará que resalten los sabores, agregando ese sabor a quemado tan particular.
Es ideal para acompañar carnes asadas, pues puedes aprovechar el mismo asador para tatemar tus vegetales, además de que combinará perfecto con tus alimentos.
Este procedimiento es el favorito de los taqueros, aunque también es el ideal cuando quieres realizar algún guisado que vaya acompañado de salsa. Consiste solamente en poner a hervir nuestros ingredientes y después licuarlos hasta que queden bien integrados, lo que les dará esa consistencia tan particular de las salsas de taquería (o del chicharrón en salsa verde que preparaba tu abuelita).
El famoso pico de gallo es la salsa cruda por excelencia, consiste en picar cebolla, jitomate, chile verde y cilantro y revolver todo con unas gotitas de limón. Es ideal cuando comemos alimentos rostizados, como pollo o lomo de cerdo, pues su frescura le otorgará un contraste delicioso, mantendrá la acidez de los ingredientes y agregará humedad a los alimentos rostizados, que por el proceso suelen perder humedad.
Ahora que lo sabes, ¿qué salsa es tu favorita? A nosotros nos encantan todas. Déjanos en los comentarios tu respuesta.
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